viernes, 8 de agosto de 2025

DE RURRENABAQUE A COBIJA

El autobús, acá la flota, debía salir a las 9 de la noche. Me aconsejaron que estuviera a las 8 e incauto de mí, a las siete y media estaba en la estación de autobuses. Hasta las 10 no saldrá me dicen. Las horas son siempre aproximadas o más bien orientativas. Entre los problemas para aprovisionar combustible y que la empresa realiza transporte de mercancías y paquetería, la flota apareció a las once. Aparte de la baca aprovechada al máximo, debajo del compartimento de pasajeros lleva otro para la carga que se aprovecha hasta el último centímetro. Entre descarga de mercancía  y paquetes y cargar de nuevo, salíamos de Rurre a las 00:15. Era un autobús “leito” de tres hileras de asientos y como había suficientes plazas libres tuve la suerte de poder elegir una butaca aislada.

La flota venía desde Santa Cruz y llevaba ya unos sufridos viajeros. Los que se bajaron en destinos previos habían dejado restos de comidas embolsadas, bolsas vacías y botellas de refrescos.

Nos quedaban 880 km por recorrer y habían asegurado que llegaríamos a las 14:00 horas. Entre paradas y malos tramos el tiempo estimado es de 24 horas para hacer ese trayecto. Era una incógnita más a revelar en este viaje.

De Rurre a El Triángulo hay 430 km, la mitad del recorrido. Algunos tramos son de tierra, pero casi todo el trayecto está pavimentado con lo que parecen ser bloques de cemento armado y el conductor aprovechó la circunstancia para acortar tiempo. Son tramos rectos y la región es una inmensa pampa inundable con restos escasos de agua por la escasez de lluvias del último año.

A escasos kilómetros de Rurre una señora paró la flota para que le cargaran 25 sacos de naranjas. Le admitieron la mitad por falta de capacidad. La primera parada oficial fue en Santa Rosa, con una estación de autobuses hecha con madera de caoba y un monumento homenaje a la pampa con un oso hormiguero como protagonista.




Los baños estaban cerrados y las necesidades mingitorias hubo que satisfacerlas en un oscuro descampado próximo. El resto del trayecto hasta El Triángulo se hizo de tirón. En El Triángulo siguiendo recto la carretera continúa hasta Riberalta, pero por el ramal de la izquierda se va a Cobija. El Triángulo es un caserío escasamente poblado pero tiene un surtidor de combustible con su propia cola de camiones esperando para repostar como en el resto de Bolivia.

Parada de diez minutos, los justos para tomar un refresco en un chiringuito local e ir al baño a dos bolivianos por uso. Aquí todavía tenía un pase.

El nuevo tramo de carretera discurre ya por bosque tropical, pura selva y es una pista de tierra. La selva próxima a la carretera alterna con la vegetación en lucha por recuperar el espacio perdido y tramos de deforestación en distintos tiempos de conversión a pradera para la cría de ganado vacuno. Ahora que los políticos están en campaña electoral los candidatos proponen convertir a Bolivia en el mayor productor de carne de la región y por otro prometen luchar contra la destrucción de la Amazonía; ninguno dice como conciliar ambas propuestas.



La vegetación de la orilla de la carretera está totalmente recubierta de polvo de color ocre. Si algún tramo está asfaltado no es necesario estar pendiente del traqueteo del vehículo para saberlo, es suficiente mirar por la ventanilla y ver que la vegetación está limpia.

La parada siguiente fue en Sena, a 250 km. Aproximadamente a la mitad del trayecto se cruza sobre el río Beni (el de Rurre) en su discurrir para desembocar en el río Madre de Dios.

En Sena la parada fue de media hora se bajaron y subieron paquetes en el autobús. En cabina iban tres personas pero una de ellas era la más activa y la única que vi conducir. La bola permanente en su mejilla indicaba que chacchaba coca, de otra manera era imposible conducir, descargar y cargar como lo hacía este cholo.

Aquí los baños, por denominarlos de alguna manera, estaban en un barracón de madera con tres secciones con la entrada situada a metro y medio de una pared por lo que debieron considerar que cada uno de esos garitos no necesitaba puerta; después de usarlo y al volverme una joven hacía cola para su siguiente uso.

Desde Sena la pista estaba de reformas, corrigiendo el trazado y ampliando a lo que parecía ser una pista en cada sentido y además pavimentada. Estas obras impedían circular con velocidades elevadas con lo que el final del viaje se veía cada vez más lejano. Doscientos kilómetros más adelante fue la siguiente parada, en Puerto Rico, con un receso de media hora para comer. Las paradas al parecer están espaciadas en función del sistema de distribución de mercancía y paquetes y no pensando en el viajero. Los baños también merecen aquí mención aparte.

El Triángulo
Sena
Puerto Rico

En mi experiencia la calidad de las instalaciones sanitarias está en relación con el nivel sociocultural y económico de la sociedad. Las fotos anteriores no pretenden ser una crítica sino constatar una realidad.

El aspecto escatológico de la humanidad ha sido estudiado desde siempre. En español todavía se vende la obra del psicoanalista francés Dominique Laporte publicada por primera vez en París en 1978, “Histoire de la merde”.

Si no queréis documentaros tanto, El Confidencial publicó hace unos años un artículo sobre el tema que lo resume bastante bien

A la salida de Puerto Rico para Cobija hay un puente sobre el río Orthon que discurre hacia la derecha en el sentido de la marcha. Unos trescientos metros del puente aguas arriba se produce la confluencia de los ríos Manuripi y Tahuamanu (en la foto es el de la derecha y lleva agua más turbia que el otro, produciéndose un encuentro de las aguas) que da origen al Orthon.

Río Orthon

Ríos Manuripi (izquierda) y Tahuamanu (derecha)

Las obras de la pista están muy activas como si hubiera prisa en inaugurar algún tramo, teniendo en cuenta que hay elecciones generales a final de mes es posible que sea así.

Durante todo el trayecto, incluida la pampa, hay una presencia constante de busardos, nombre genérico dado a varias rapaces como pequeñas águilas y halcones y que posiblemente se deba a que el paso de los vehículos espanta a otras aves de las proximidades y los busardos aprovechan para cazar.

Otra constante es la abundancia de un árbol que en circunstancias normales no es muy frecuente encontrarlo y que aquí se ven muchos ejemplares; es un árbol de gran porte y que tiene una floración abundante que lo tiñe de amarillo completamente, es el tahuarí amarillo (Handroanthus serratifolius). Esta especie, también conocida como Tabebuia serratifolia, es importante no solo por su valor ornamental y por la alta calidad de su madera, sino también por sus propiedades medicinales. Su corteza es valorada por sus propiedades farmacológicas, y se le atribuyen compuestos con posibles efectos antiinflamatorios, antipalúdicos, antitumorales y antiparasitarios.

Finalmente llegábamos a Cobija a las cuatro de la tarde. La Terminal de Autobuses, pequeña, está situada sobre una loma y  a unos diez kilómetros del centro de la ciudad.

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