El autobús, acá la flota, debía salir a las 9 de la noche. Me aconsejaron que estuviera a las 8 e incauto de mí, a las siete y media estaba en la estación de autobuses. Hasta las 10 no saldrá me dicen. Las horas son siempre aproximadas o más bien orientativas. Entre los problemas para aprovisionar combustible y que la empresa realiza transporte de mercancías y paquetería, la flota apareció a las once. Aparte de la baca aprovechada al máximo, debajo del compartimento de pasajeros lleva otro para la carga que se aprovecha hasta el último centímetro. Entre descarga de mercancía y paquetes y cargar de nuevo, salíamos de Rurre a las 00:15. Era un autobús “leito” de tres hileras de asientos y como había suficientes plazas libres tuve la suerte de poder elegir una butaca aislada.
La flota venía desde Santa Cruz y llevaba ya unos sufridos
viajeros. Los que se bajaron en destinos previos habían dejado restos de
comidas embolsadas, bolsas vacías y botellas de refrescos.
Nos quedaban 880 km por recorrer y habían asegurado que
llegaríamos a las 14:00 horas. Entre paradas y malos tramos el tiempo estimado
es de 24 horas para hacer ese trayecto. Era una incógnita más a revelar en este
viaje.
De Rurre a El Triángulo hay 430 km, la mitad del recorrido.
Algunos tramos son de tierra, pero casi todo el trayecto está pavimentado con
lo que parecen ser bloques de cemento armado y el conductor aprovechó la
circunstancia para acortar tiempo. Son tramos rectos y la región es una inmensa
pampa inundable con restos escasos de agua por la escasez de lluvias del último
año.
A escasos kilómetros de Rurre una señora paró la flota para
que le cargaran 25 sacos de naranjas. Le admitieron la mitad por falta de
capacidad. La primera parada oficial fue en Santa Rosa, con una estación de
autobuses hecha con madera de caoba y un monumento homenaje a la pampa con un
oso hormiguero como protagonista.
Parada de diez minutos, los justos para tomar un refresco en
un chiringuito local e ir al baño a dos bolivianos por uso. Aquí todavía tenía
un pase.
El nuevo tramo de carretera discurre ya por bosque tropical,
pura selva y es una pista de tierra. La selva próxima a la carretera alterna
con la vegetación en lucha por recuperar el espacio perdido y tramos de
deforestación en distintos tiempos de conversión a pradera para la cría de
ganado vacuno. Ahora que los políticos están en campaña electoral los
candidatos proponen convertir a Bolivia en el mayor productor de carne de la
región y por otro prometen luchar contra la destrucción de la Amazonía; ninguno
dice como conciliar ambas propuestas.
La vegetación de la orilla de la carretera está totalmente
recubierta de polvo de color ocre. Si algún tramo está asfaltado no es
necesario estar pendiente del traqueteo del vehículo para saberlo, es
suficiente mirar por la ventanilla y ver que la vegetación está limpia.
La parada siguiente fue en Sena, a 250 km. Aproximadamente a
la mitad del trayecto se cruza sobre el río Beni (el de Rurre) en su discurrir
para desembocar en el río Madre de Dios.
En Sena la parada fue de media hora se bajaron y subieron
paquetes en el autobús. En cabina iban tres personas pero una de ellas era la
más activa y la única que vi conducir. La bola permanente en su mejilla
indicaba que chacchaba coca, de otra manera era imposible conducir, descargar y
cargar como lo hacía este cholo.
Aquí los baños, por denominarlos de alguna manera, estaban
en un barracón de madera con tres secciones con la entrada situada a metro y
medio de una pared por lo que debieron considerar que cada uno de esos garitos
no necesitaba puerta; después de usarlo y al volverme una joven hacía cola para
su siguiente uso.
Desde Sena la pista estaba de reformas, corrigiendo el trazado y ampliando a lo que parecía ser una pista en cada sentido y además pavimentada. Estas obras impedían circular con velocidades elevadas con lo que el final del viaje se veía cada vez más lejano. Doscientos kilómetros más adelante fue la siguiente parada, en Puerto Rico, con un receso de media hora para comer. Las paradas al parecer están espaciadas en función del sistema de distribución de mercancía y paquetes y no pensando en el viajero. Los baños también merecen aquí mención aparte.
El Triángulo | Sena | Puerto Rico |
En mi experiencia la calidad de las instalaciones sanitarias
está en relación con el nivel sociocultural y económico de la sociedad. Las
fotos anteriores no pretenden ser una crítica sino constatar una realidad.
El aspecto escatológico de la humanidad ha sido estudiado
desde siempre. En español todavía se vende la obra del psicoanalista francés
Dominique Laporte publicada por primera vez en París en 1978, “Histoire de
la merde”.
Si no queréis documentaros tanto, El Confidencial publicó
hace unos años un artículo sobre el tema que lo resume bastante bien
A la salida de Puerto Rico para Cobija hay un puente sobre el río Orthon que discurre hacia la derecha en el sentido de la marcha. Unos trescientos metros del puente aguas arriba se produce la confluencia de los ríos Manuripi y Tahuamanu (en la foto es el de la derecha y lleva agua más turbia que el otro, produciéndose un encuentro de las aguas) que da origen al Orthon.
Las obras de la pista están muy activas como si hubiera prisa en inaugurar algún tramo, teniendo en cuenta que hay elecciones generales a final de mes es posible que sea así.
Durante todo el trayecto, incluida la pampa, hay una
presencia constante de busardos, nombre genérico dado a varias rapaces como
pequeñas águilas y halcones y que posiblemente se deba a que el paso de los
vehículos espanta a otras aves de las proximidades y los busardos aprovechan
para cazar.
Otra constante es la abundancia de un árbol que en
circunstancias normales no es muy frecuente encontrarlo y que aquí se ven
muchos ejemplares; es un árbol de gran porte y que tiene una floración
abundante que lo tiñe de amarillo completamente, es el tahuarí amarillo
(Handroanthus serratifolius). Esta especie, también conocida como Tabebuia
serratifolia, es importante no solo por su valor ornamental y por la alta
calidad de su madera, sino también por sus propiedades medicinales. Su corteza
es valorada por sus propiedades farmacológicas, y se le atribuyen compuestos
con posibles efectos antiinflamatorios, antipalúdicos, antitumorales y
antiparasitarios.
Finalmente llegábamos a Cobija a las cuatro de la tarde. La
Terminal de Autobuses, pequeña, está situada sobre una loma y a unos diez kilómetros del centro de la
ciudad.
















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