miércoles, 20 de agosto de 2025

VUELTA AL CAMINO INFERNAL

Desde Cruzeiro para viajar a Manaus que no sea en avión hay dos posibilidades: por los ríos y por tierra desde Porto Velho. Hay tres ríos por los que descender al Amazonas (Solimoes para los brasileños en el tramo alto hasta el río Negro)

1.- El Juruá, ya comentado

2.- El Purús, navegable por barcos de calado desde Boca do Acre, el punto en el que el río Acre desemboca en el Purús. A 1800 km. del Solimoes y siendo el río más tortuoso del mundo, sin una compañía de navegación fluvial que haga todo el trayecto, el descenso por el Purús puede prolongar el viaje tanto como por el Juruá.

3.- Por el río Madeira. El río Madeira recibe las aguas del sur de la Amazonía peruana y de toda la Amazonía boliviana. Es muy caudaloso y por la existencia de cachoeiras (rápidos rocosos) sólo es navegable desde Porto Velho. Esta es la opción que he elegido, aunque desde Porto Velho desde hace pocos años se puede llegar por tierra a Manaus.



A Porto Velho se llega por carretera desde Rio Branco así que me toca volver sobre mis pasos y sufrir nuevamente el tormento de la Rodovia 364. Aunque está sin editar porque todavía no he conseguido hacerlo con el programa “sencillo e intuitivo” pongo el vídeo de un tramo del retorno para que el lector se pueda hacer una idea. Hay algún tramo algo mejor pero también los hay peores; éste está grabado al azar, lógicamente, ya que no conozco los detalles del recorrido.


 

  

A mitad de camino en una de las paradas para tomar un refrigerio ya comencé a notar que la tierra se movía bajo mis pies, como si caminara por un terreno mullido, no le dí importancia y pensé que podría ser una parestesia por las horas de movilidad reducida en el asiento del autobús.


A la ida para Cruzeiro iba sentado en una fila intermedia y sólo veía el lateral de la ventanilla que daba a la derecha. No pude apreciar el tráfico que había. Ahora iba sentado en primera fila y podía ver la carretera (de ahí el vídeo) y en los tramos rectos de cuatro o cinco kilómetros se veían siempre seis o siete vehículos circulando en uno u otro sentido y era una escena surrealista ver los zigzags de cada uno de ellos.


Acabado el infierno y ya en la Terminal Rodoviara Internacional con el ajetreo de recoger el equipaje y buscar quien te lleve al hotel no experimenté nada, pero una vez en la habitación el mundo se movía bajo mis pies ahora de una manera exagerada, como si hubiera un terremoto persistente. El mareo durante un viaje se llama cinetosis y está producido por un estímulo intenso de los otolitos de los canales semicirculares del oído interno. Lo que a mí me estaba ocurriendo era el mismo fenómeno que le ocurre a los marineros cuando bajan a tierra. Se supone que está relacionado con el oído interno pero no se conoce el mecanismo fisiológico que lo produce. En ocasiones puede persistir durante bastante tiempo después del viaje pero afortunadamente me libré de ello con 50 mg. de sulpirida, un antipsicótico que se ha demostrado eficaz en casos de vértigo.


A este trastorno se le llama Síndrome del Mal de Desembarque (MdDS) siguiendo la mala costumbre establecida en medicina desde mediados del siglo pasado de denominar a los trastornos con una frase descriptiva que naturalmente tiene que llevar la palabra síndrome. Sería más sencillo y elegante buscar un término que lo defina aunque haya que crear un neologismo. Ahora todo son síndromes. Produce hastío tanta ordinariez en la ciencia médica.




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