De Trinidad a Rurrenabaque no hay autobuses. Hay que vadear el río Mamoré y según la temporada, tambien el río Varador y no hay barcazas de tamaño suficiente. El transporte ha de hacerse en microbuses o en monovolúmenes. Esta última opción es la más utilizada. La mayoría son Toyotas, modelo Noah. Genéricamente se les conoce por “noah”, aunque sean de otra marca y llevan seis pasajeros y el equipaje sin límite dentro de la moderación.
El río
Varador es un afluente del Mamoré por la derecha. La Ruta Nacional 3 que une
Trinidad con Rurrenabaque lo cruza antes de llegar al Mamoré. Propiamente no es
un río sino el canal de desagüe de una zona inundada. Según la pluviometría hay
períodos en que se puede vadear por un terraplén pero, según dicen, las últimas
lluvias fueron muy intensas y el vado está inundado. Hay que cruzarlo en
barcazas.
Pasado el Varador hay unos cinco kilómetros de pista hasta
la comunidad Tijamuchí que se extiende a ambos lados de la pista hasta el río
Mamoré; aquí nuevamente una barcaza igual a las del Varador, nos lleva a la otra orilla.
Sigue la Ruta Nacional 3 alternando tramos de pista con
otros asfaltados. A ambos lados todo es llanura inundable con zonas de bosque
en la ribera de los cauces de agua que son muchos.
De trecho en trecho aparecen señales de tráfico de peligro por animales en la carretera. Lo que en España es un toro o un ciervo aquí son los animales de la región.
A pesar de la advertencia y de que el límite de velocidad
está en ochenta kilómetros por hora de cuando en cuando se ve un grupo de
buitres en la calzada que están dando cuenta de algún animal atropellado.
La circulación por esta carretera no es gratuita y cada
trecho hay un puesto de peaje, unos cinco hasta Rurrenabaque.
El conductor respetaba el límite de velocidad en cada tramo
como si llevara un tacógrafo aunque lo hacía por cumplir con la norma, esto
hizo que el viaje durara hasta última hora de la tarde.
En San Borja hicimos una parada supuestamente para comer,
pero eran las cinco de la tarde. A mí personalmente me daba igual por mi
situación gastrointestinal y el resto de pasajeros aguantaron estoicamente la
situación. Se compraron algún tentenmpié y el ayudante del conductor una
pastilla de coca prensada de la que no tardó en hacerse una bola que le infló
el moflete como si tuviera mal de muelas.
Finalmente a las siete de la tarde llegábamos a
Rurrenabaque.










Bonito reportaje! Me alegra que cumplas tus deseos
ResponderEliminarGracias. Un beso.
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