Como todas las ciudades que carecen de edificios altos las viviendas se desparraman y al ser las calles anchas la extensión de la ciudad es enorme, lo que obliga a sus habitantes a desplazarse en vehículo. Aquí en Trinidad todos tienen moto y las calles están llenas de ellas circulando. Son motos de 125 cc de cilindrada y marcas japonesas. Algunas de ellas en Europa no las querrian ni en el desguace pero aquí hacen su papel y el padre o la madre llevan los niños al colegio con ellas y es frecuente ver motos con tres o cuatro ocupantes. Muy pocos usan casco.
Por el
sur, de este a oeste y dibujando su curso una U invertida, cruza la ciudad el
arroyo San Juan. Hasta hace unos diez años las aguas del arroyo eran
transparentes y había varios puertos con embarcaciones que permitían hacer pequeños
recorridos por el arroyo pero comenzó un proceso de eutrofización y
simultáneamente un extraordinario desarrollo del lirio de agua, aquí llamado
tarope, que actualmente cubre toda la superficie del arroyo.
En la orilla derecha del arroyo está la Plazuela Guillermo
Caballero, con un monumento homenaje a las ocho provincias del Departamento del
Beni. Unos benianos levantan un mapa del
Departamento.
En estos días en toda Bolivia hay un problema con el
abastecimieto de combustible y en todas las ciudades las gasolineras tienen
colas kilométricas para llenar el depósito de los vehículos, Trinidad no es una
excepción.
Nicolás Suárez Callaú, fue un empresario cauchero que desarrolló su actividad a principios del siglo XX. En Bolivia es considerado un prócer por los servicios que prestó a su nación en la Guerra del Acre. Muchas instituciones bolivianas llevan su nombre y también tiene dedicadas calles en diferentes ciudades. Estudiosos e historiadores no bolivianos de la época del caucho tienen una opinión negativa del personaje porque utilizaba el mismo procedimiento de trato de los trabajadores del resto de la Amazonía. Yo creo que fue un hombre de su época y que en relación con otros varones del caucho su conducta fue muy diferente pues aportó a su sociedad todo lo que pudo económicamente.
Eran
días de “surazo” un viento frío y fuerte que llega desde el sur y que suele acompañarse
de lluvia.










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