Necesitaba hacer un alto en el camino despreocupado de todo
y dedicado a escribir. A las afueras de Guayaramerín hay un hotel, en mitad de
lo que queda de selva que parecía reunir las condiciones que andaba buscando;
probé y tuve la fortuna de no haberme equivocado: tranquilidad, buenos
alimentos e internet de banda ancha para poner al día el blog.
Está en la ribera derecha del río Corrientes, un afluente
menor del Mamoré. Ambiente agradable, personal muy atento y amable.
UN RECORRIDO POR LAS INSTALACIONES:
Cinco días... debí quedarme más tiempo.









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